Paco Loco Blog – SUBE LO MÍO, QUITA ESE RUIDO

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Muchas veces me preguntan los grupos (bueno tampoco tantas) qué les puedo recomendar para cuando estén en el estudio, y…, me cuesta aconsejarles porque, la verdad, es que no soy mucho de recomendar. Bueno…, o sí —Osbourne—. Aún así acabo haciéndolo y la primera que les doy es una que considero como la más importante y la principal: escuchar la canción en un total. Me molesta bastante cuando estamos mezclando y solo opina el instrumentista de su instrumento. Mira que hay pocas cosas que sirven para todos los proyectos, pero esta es una de ellas; ya que la gente tiene que acostumbrarse a opinar de todo, sin que nadie se sienta invadido en su terreno. Es que muchas veces, cuando acaba la mezcla, pregunto a los componentes del grupo por cómo la ven y el bajista opina de su bajo, el batería de lo suyo, etc. Suelen responderme que ellos sólo controlan su instrumento. Incluso, suelen comentarme que la valoración del compositor está por encima de la de ellos, por eso es él quien debe decidir. Vamos a ver. Cuando un grupo graba una canción inmediatamente se convierte en propiedad de todos, por lo que cuando todos han trabajado en ellas, cada uno de los miembros debería estar capacitado para opinar de lo que sea. Si son capaces de opinar en cuestiones técnicas al productor o al ingeniero o lo que sea tendrían que ser capaces de opinar en otros aspectos de la canción. Si nos basamos en el pensamiento de “el bajista no puede opinar del resultado de la batería porque es el bajista”, tampoco ninguno de ellos podría opinar sobre la mezcla porque son instrumentistas y no técnicos. ¡Ah!, y se me olvidaba, en un porcentaje muy, muy alto, esta opinión tiene que ver con subir el volumen de la pista: “¡Sube lo mío!”

Otro aspecto importante, y quizás el que más a la hora de grabar y escuchar la canción (por lo menos para mí), es el que se tomen la canción como si fuera la de otro. Me explico. Cuando escuchamos una canción de otro, en la mayoría de los casos (siempre hay enfermos), le prestamos atención sin diseccionarla, simplemente disfrutamos de lo que suena y, casi siempre (repito: siempre hay enfermos), nos termina sorprendiendo para bien incluso aquellos arreglos que, en principio, nos incomodarían si se dieran en nuestra grabación. En la de otros encontramos imperfecciones que nos acaban haciendo gracia. Por ejemplo, hay discos históricos donde la voz está totalmente desafinada como la de Nico en el disco Chelsea Girl, pues no escuché a ninguno de los grupos que pasaron por el estudio y que me mencionaran ese disco, comentarme esa anécdota. Y no es que lo esté juzgando, más bien me refiero a que si tenemos esa manga ancha para las grabaciones de los demás, deberíamos tenerla también en las nuestras. Muchos terminan por afirmar que esas imperfecciones están bien para otros; en cambio, «para nuestro disco no». Podría estar editando un final durante mucho tiempo, porque en el fundido final se oyen unos ruidillos que molestan, pero luego flipar con finales en los que descubrimos voces y ruidos en los grupos que nos gustan… Un ejemplo evidente lo encontramos en un músico que me encanta, que algunos conocerán y otros no, llamado Sufjan Stevens, quien en su discoMichigan, la primera canción tiene una línea de instrumentos de viento algo desafinados y que a mí, particularmente, me parecen muy bonito y tierno. Estoy seguro de que a muchos grupos a los que grabo, fliparían con estas desafinaciones, pero no estarían muy conformes si pasara en su disco.

No me malentendáis, no estoy afirmando que todo sea válido: “¡Hala! A desafinar… A tocar mal.” Me refiero a que nuestro nivel de permisividad tendría que ser el mismo para nosotros que para los demás. Creo que un ejercicio bastante interesante podría consistir en abstraerte del estudio y plantearte si te llegaría a gustar la canción que estás haciendo si no fuera tuya. Pero no me refiero a aspectos técnicos, ya que, por ejemplo, no conozco a nadie que diga: “Cómo me gusta el No fun de Iggy Pop, pero yo subiría el volumen del bombo y lo ecualizaría un poco más grave…” Repito: siempre hay algún enfermo.

No me suele gustar poner discos de referencia porque guarda cierto parecido con intentar reproducir recetas de cocina, como preparar el arroz con pollo de un famoso cocinero. Sabemos que tiene que llevar pollo y arroz; sin embargo, no tenemos ni idea del tipo de arroz o de pollo o qué ingrediente sorpresa tiene y, sobre todo, no sabemos el tipo de técnicas que ha usado el cocinero para elaborarlo. Eso no quita que a veces nos sentemos a oír alguna referencia que me solicite el grupo, porque me dicen «a mí me gusta la voz como en ese grupo», «la quiero floja». Acabamos escuchando el disco en cuestión y resulta que la voz que querían como referencia suena más alta que como la tenemos nosotros. La respuesta final: “Bueno, a él le queda bien, pero para mí no.”

Bueno espero que entendáis algo.

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