Nutria Musical – “Suena a guitarra”

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Hola y eso.

Quería empezar este blog, con una entrada sobre el sinte que estoy montando, pero se está alargando el asunto cosa mala, así que contaré mientras tanto una historia para reflexionar sobre el hecho de que gente con el oído “poco educado” o quizás sin ninguna gana de hacerlo, existe en todas las épocas y edades.  Va al hilo del última entrada de blog de Paco, en el cual hablaba de un chaval al que los matices sonoros poco importaban. Pues desde luego si al chaval le importan poco, este señor bien adulto del que voy a hablar podría ser su padre directamente…

“Suena a guitarra”

Primero he de explicar en que consiste mi trabajo:

Doy clases de guitarra y de piano en varios lugares; algunas en centros llevados por algún organismo público y otras, son para asociaciones culturales que me contratan. En uno de estos sitios, hay un coro en plan “amateur” para cantar canciones tradicionales, en el cual en un principio no se requiere saber leer música o tener una gran voz, ya que es una actividad más que nada de tiempo libre a la vez que de difusión del folklore…vamos, un lugar en el que los que no cantan muy allá pueden estar haciendo relleno y los que tienen algo de más maña se encargan de partes solistas, segundas voces y cosas que requieren controlar más del tema.

Un día no me quedó más remedio que ponerme a explicar unos cuantos rudimentos básicos del solfeo, ya que si no estaba viendo que iban a ser incapaces de entrar a tiempo en una canción en concreto. Tratando de simplificar la explicación lo más que podía, empecé a contarles qué es un tiempo, qué es un compás de dos por cuatro y sobre todo uno de tres por cuatro, ya que ahí lo que más se cantan son jotas.

La cosa parecía ir bien, pues veía que los/as presentes iban comprendiendo todo aquello. Daba ejemplos con canciones que ya conocían e incluso se percibía cierta alegría en el ambiente, pues…el tan temido solfeo, al que tantas veces se habían negado (no es obligatorio en el programa, así que tampoco me puedo poner burro con eso), no solo no era tan temible si no que encima era algo útil y muy lógico. Como podeis imaginar, esta explicación y las canciones correspondientes la iba acompañando con la guitarra que tengo allí para dar las clases.
Dije antes que había cierto espíritu de alegría, pero…no todo el mundo lo compartía. Más bien, no lo compartía una persona que si no recuerdo mal tiene unos sesenta años, y que precisamente no era el más entrado en años del lugar, pues las edades en ese coro están entre los cincuenta y los setenta y pico largos. El caso es que mientras unos y otros decían “anda, cómo en tal cual canción, que la entrada se hace igual” este sólo movía negativamente la cabeza y se medio reía.

-Bermatree: Señor “X”, ¿Hay algo que no hayas entendido?
-Señor “X”: No entiendo absolutamente nada.
-Bermatree: ¿Nada de lo que he explicado?
-Señor “X”: Nada, ni tiempo, ni ritmo ni compás ni nada…

Vuelvo a explicar a modo de resumen todo lo que dije antes, abusando del resto de paciencia de la gente que ya lo había entendido y entonces pregunto:
-Bermatree: ¿Ahora?
-Señor “X”: Nada, igual que antes.
-Bermatree: ¿Pero exactamente, qué parte no comprendes, que es lo que ocurre…?
-Señor “X”: Ocurre que lo que haces me suena todo el rato igual. Yo ahí no oigo ni ritmos, ni compases, ni pasodobles, ni jotas, ni nada…suena todo el rato igual, porque lo estás tocando todo el rato con la guitarra, así que lo que estás haciendo en todos los ejemplos solamente SUENA A GUITARRA.

Dar clase de música, muchas veces proporciona grandes satisfacciones…pero algunos días te preguntas si lo que ocurre es verdad o te está tomando el pelo algún programa de cámara oculta.

Puede parecer que esto es un hecho concreto aislado, aunque yo no lo veo así. Porque igual que está este señor, para el cual la guitarra sólo puede sonar a guitarra y no hacer música, tienes también a los habitantes de pueblo entrados en años que dicen cosas como: “Pos a mí, me da igual que el grupo no sepa tocar mucho…mientras metan ruido y toquen la canción entera”. También lo tienes en el ejemplo del adulto bien adulto que dice: “No he comprao nunca un disco de esos grandes, en la cinta ya se escuchan las canciones y pa’ que quiero más“. Y como último ejemplo que se me ocurre: “Da igual que no nos sepamos los acordes de las canciones o no sigamos bien el ritmo…lo que se trata es de que suene algo de fondo mientras cantamos

Ejemplos de orejas a las que los matices importan poco creo que los hay en todas las edades, o al menos eso he podido observar a lo largo del tiempo. Por eso, igual que existieron y existen estos, prefiero quedarme con el pensamiento positivo, de que también hay oídos que saben apreciar la calidad, y que igual que los hubo antaño, los seguirá habiendo siempre. Sólo espero que estos últimos no se conviertan en una minoría demasiado minoritaria, porque desaparecer no creo que lleguen a desaparecer por completo.

Hasta el próximo blog!!!

 

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