Reflexion Arts – La reverberación es ruido en las salas de control

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Resumen

En muchas situaciones ha sido una práctica constante producir salas de control con tiempos de reverberación aproximados o ligeramente inferiores a los de salas domésticas estadisticamente consideradas como las “más comunes”. Varios métodos se han intentado para remover picos y depresiones en los tiempos de reverberación de las salas que crean coloraciones extrañas en las condiciones de monitorado. Esto ha llevado a decisiones de mezcla que pueden “no viajar bien” cuando son reproducidas en otras salas. A pesar de los 50 años de esfuerzos para producir salas que suenen subjetivamente compatibles entre ellas y a la vez también con el mundo exterior, el estado general de la compatibilidad entre salas aún no es bueno. Esta presentación defiende que solo minimizando el RT (Tiempo de Reverberación) del monitorado de la sala de control se podrá llegar a tal compatibilidad; pero esto requiere el abandono de la vieja política de intentar imitar cualquier ambiente de escucha doméstica “normal”.

 

Fuentes de Inconsistencia

Solamente hay dos fuentes de inconsistencias entre salas de control o cualesquiera otras salas de escucha: el sistema de monitores y la acústica de la sala. En su conjunto, esta combinación, incluso cuando ostentivamente está bien diseñada, ha llevado a producir diferencias en la calidad de sonido subjetiva, hasta a puntos alarmantes. De hecho, las dificultades para construir salas con una calidad de sonido consistente, con independencia de su forma y hasta cierto punto de su tamaño, ha presionado a los diseñadores de altavoces a la búsqueda de formas para crear altavoces, en sí mismos menos susceptibles a perturbaciones de su respuesta, causadas por las distintas salas a que se destinan. En justicia, los problemas de la salas deberían ser solucionados por sus proyectistas, por lo menos en circunstancias profesionales, pero el problema de la compatibilidad particularmente en las bajas frecuencias, ha sido siempre difícil de resolver.
Los patrones modales de las salas convencionales son muy complejos. Incluso dos salas de idénticas dimensiones pueden presentar desviaciones importantes en los tiempos de reverberación de las bajas frecuencias, tan solo por los distintos materiales y espesor de sus paredes, pero también por lo que pueda estar al otro lado de estas. Salas de control construidas por paredes de tabique, tienen tendencia a que las características de sus bajas frecuencias estén dominadas por las dimensiones de las paredes de ladrillo o de hormigón del edificio que las contiene. La resolución de los cálculos modales de bajas frecuencias dentro de esas salas no es tarea fácil, ya que sufrirán modificaciones en el momento que algo más sea construido fuera de ellas, pero dentro del espacio que las contiene.

Hartos de esta incompatibilidad entre salas, productores e ingenieros han basado gran parte de su trabajo en monitores de campo cercano (near-field) colocados cerca o sobre la mesa de mezclas. En su mayoría se han sentido mucho más satisfechos con lo que sale de los mismos altavoces en salas distintas, siempre que  escuchen a distancias que no permitan a la sala dominar en la respuesta percibida. Así que un determinado sistema de altavoces fue escogido (con variaciones de individuo por individuo y de acuerdo con lo que cada uno siente en relación a los mejores resultados de sus mezclas) y cada productor y/o ingeniero continuará utilizandolo hasta que algo que les parezca mejor esté disponible en el mercado.
Los altavoces pequeños todavía tienen la ventaja de acercarse al rango de frecuencias de la mayoría de los sistemas de reproducción domésticos. Mientras esto es una referencia verdaderamente valiosa, ya que nadie quiere defraudar a la mayoría del público oyente, basar todo el trabajo en monitores de campo cercano deja frecuentemente una o dos octavas de bajas frecuencias no “monitoradas”, y mucho del detalle fino no se podrá detectar. En algunos casos, este detalle fino podría ser utilizado con gran efecto, si se pudiera haber oído, mientras en otros casos el detalle fino incluía ruidos, choques armónicos, puertas y compresores operando o un sin numero de artefactos del proceso de la grabación. Actualmente estos problemas son frecuentemente detectados por primera vez, por los amantes de la música que deciden gastar enormes sumas en su Hi-Fi doméstico y en su colección de CDs. Esta situación existe y no honra a nuestra profesión. El control de calidad es nuestra responsabilidad, no del consumidor del producto acabado.

Conceptos convencionales de diseño

A lo largo de los tiempos ha habido innumerables tentativas para suavizar la respuesta modal de las salas, de forma que proporcione un comportamiento en el tiempo/frecuencia de reverberación que se aproxime a los requisitos especificados pero sin las irregularidades que contribuyen al indeseable sonido particular y característico de tantas salas. Por mencionar algunos, hubo los resonadores Helmholtz afinados para absorber frecuencias indeseables, predominantes en el RT de una sala, pero como mucho los resultados fueran solo aproximados. Hubo el concepto “Live End, Dead End” de Wrighton and Berger, que previa a través de una mitad frontal de la sala absorbente dejar un intervalo de tiempo suficiente entre el primer paso por el oído de la onda incidente y la consecuente “vida”, o pseudo-reverberación, producida en la mitad trasera de la sala. Con este método, la reverberación era percibida como una cola de reverberación, sin colorear el sonido directo de los monitores. Otra forma de conseguir un RT más uniforme en frecuencias, es por medio de difusores, que con una colocación adecuada en una sala pueden permitir un alto grado de reflexiones muy difusas, libres de reflexiones individualizadas y bien diferenciadas (posiblemente indeseables), que pueden predominar a ciertas frecuencias en las salas convencionales.

Entre otros está el método de Geddes, de la pared doblemente oblicua que presenta ángulos verticales y horizontales acentuados con la intención de destrozar los fuertes modos axiales y tangenciales, para transformarlos en modos oblicuos, menos regulares y mas fácilmente controlables. Conjuntamente existe la técnica multi-facetada (scattering) que distribuye la energía modal por superposiciones más anchas. Estas salas han sido  utilizadas frecuentemente en conjunto con monitores cuya directividad era ajustada para las salas, de forma que las secuencias de superficies absorbentes o reflectantes posicionadas, permitieran obtener la característica deseable de RT/frecuencia en su interior.  Estas salas incorporaban normalmente ‘bass traps’, trampas absorbentes de las bajas frecuencias, de volumen considerable, que se ocupaban de las frecuencias menos direccionales por debajo de los 300 ciclos.
En manos de diseñadores capaces, con largos conocimientos de las razones lógicas en que se basaba cada un de estos métodos, hubo distintos grados de éxito y fracaso. Algunas veces la suerte ha ayudado, dado que el personal de un determinado estudio tenia una empatía natural con las técnicas utilizadas, o por lo menos aprendió rápidamente a adaptarse a sus características; pero la suerte también podía funcionar al revés. El mayor problema era que, mientras cada técnica podía ser utilizada para llegar a un RT especificado y aunque se pudiera comprobar con mediciones, su óptima correspondencia con números deseados, subjetivamente todas las salas sonaban distintas. Más aún, ninguna de ellas producía su pseudo-reverberación de forma que fuera típica de condiciones domésticas reales. Solamente los números de RT coincidían; la percepción era absolutamente distinta.

¿Qué RT doméstico?

En si mismo el concepto de un tiempo de reverberación doméstico representativo es un blanco altamente difícil de  conseguir. Puede que esté en nuestro subconsciente, probablemente de los tiempos en que la música era más localizada y en que los equipos de reproducción sonora y las habitaciones de la mayoría de los probables consumidores de música se parecían más entre si que hoy. En los últimos años,  algunos artistas muy famosos han podido llegar a vender 10 millones de discos en todo el mundo, en el espacio de un año. La acústica interna de una casa del sur de Europa, construida en ladrillo y hormigón, es muy distinta de una casa escocesa en granito, una casa oriental en madera o bambú o un apartamento californiano, lleno de mobiliario, pero ninguna de ellas se puede descartar como probable destino final para mucha de la música que hoy se distribuye en el mercado internacional. Todos los consumidores pagan más o menos el mismo precio por sus discos, por lo que podrán exigir el derecho a esperar que se consideren igualmente sus condiciones domésticas de escucha, lo que es claramente imposible. Más aún, hay un gran porcentaje de publico consumidor, que escucha predominantemente a través de auriculares o en el coche, y para estos, reverberación, pseudo-reverberacion o incluso reflexiones significativas apenas existen. Entonces ¿por qué se siguen produciendo salas de control con cualquier grado significativo de reverberación?

 

Alternativas

Sin duda las salas anecoicas son entornos poco agradables para permanecer mucho tiempo. En realidad mucha gente las encuentra poco naturales, incómodas y, en algunos casos, inductoras de estrés. Especialmente cuando es reproducida  música a alto volumen en estas condiciones, se cree que provoca una respuesta de “miedo” en muchas personas, siempre que la diferencia de la dinámica entre el silencio y la música lleva a sus cerebros a avisarles de peligro inminente. En la naturaleza, estas largas diferencias en dinámica solo se experimentan en tiempos de desastre natural cuando grandes cantidades de energía son liberadas. Por otro lado, las condiciones anecoicas son altamente repetibles en cualquier gama de frecuencia, por lo que siempre han sido ampliamente utilizadas para mediciones comparativas y absolutas. Bajo condiciones anecoicas, hay una tendencia para que un altavoz con el mejor equilibrio de amplitud/fase, por consiguiente la mejor respuesta a los impulsos, muestre un grado de realismo más perceptible que cualquier altavoz en una sala convencional. El experimento de “Phase Organ” de Shroeder sugiere esto mismo, ya que la percepción de los “tonos” que había producido, variando la relación de fase de los armónicos en una secuencia de impulsos, en condiciones anecoicas, se perdió en la totalidad, en el momento en que superficies reflectantes fueron introducidas en el entorno de escucha.
Sin duda, condiciones anecoicas proporcionan las mejores circunstancias para detectar detalles finos en el sonido. Esas condiciones permiten posicionamiento detallado de la imagen estéreo y una coherencia y realismo en la percepción global, pero debido a sus efectos desagradables en los sentidos humanos, nunca han sido considerados como la forma natural de control de calidad y de monitorado. En condiciones anecoicas, el problema de crear altavoces de respuesta casi plana en los ángulos extremadamente desviados del eje, queda minimizado por el hecho de que “fuera de la posición normal de escucha”, las anomalías son absorbidas, por lo que no retornan a la misma.

Solución Práctica

Aumenta el número de personas que creen que las condiciones optimas de monitorado para los requisitos de las grabaciones actuales serian las de una sala anecoica en que el individuo se sintiera confortable. Conseguir tal cosa requiere una sala con doble acústica: una para los monitores y otra para la gente que trabaje dentro de ella. Si la pared frontal se construye maciza y reflectante, y si el sistema principal de monitores queda empotrado en esta pared, esta proporciona una extensión excelente del “baffle” para la radiación de las bajas frecuencias, pero no será “vista”, en términos de diagrama de radiación, por los propios altavoces. Haciendo la pared convenientemente irregular en su superficie, reflexiones discretas retornan a las personas dentro de la sala, en respuesta a sus acciones y habla, pero la señal musical de los altavoces no podrá nunca volver a esta pared, ya que las superficies de todas las demás y del techo son altamente no reflectantes y en la mayor gama de frecuencias posible. Para dar aún más brillo a la sala, podemos utilizar un suelo reflectante que ayudará a reducir el efecto de direccionalidad, circunstancialmente, provocado por la existencia de una sola pared viva (la frontal).

La neutralidad subjetiva de las reflexiones del suelo queda descrita si consideramos una gran cámara anecoica en la cual colocamos fijamente un altavoz y un micrófono de medida. Cuando un oyente dentro de ella (de pie y con su cabeza al lado del micrófono), después de escuchar cuidadosamente el sonido, intente percibir cambios en el momento en que una superficie dura y reflectante sea colocada paralela a uno de los lados de la cámera, sin duda percibirá tanto un cambio de tonalidad por “coloración por reflexión” como también un posible cambio o perdida de precisión en el posicionamiento horizontal de la fuente sonora. En ambos casos, antes y después de la introducción de la superficie reflectante, se han efectuado mediciones y registros a través del micrófono.
Consideremos ahora una nueva situación en que giramos la caja en 90º, apoyándola sobre uno de sus lados de forma que la superficie reflectante, que antes quedaba al lo lado de una pared lateral, sea ahora el suelo. Como el micrófono, el altavoz y la superficie reflectante habían sido fijados en posición antes de la rotación, entonces sus posiciones relativas son las mismas, por lo que las mediciones llevadas ahora a efecto serán absolutamente idénticas a las hechas previamente. Por otro lado, sí un oyente volviese a penetrar en la cámara en una posición semejante a la de antes (lo que significa 90º de diferencia con su previa posición) una percepción del sonido muy distinta tendría lugar, ya que las reflexiones le llegarían ahora a los oídos desde abajo y no de uno de los lados. La coloración se reduciría dejando unas condiciones de escucha semejantes a las iniciales (anecoicas) y además la percepción del posicionamiento horizontal volvería a ser precisa, por lo que pocas o ninguna anomalías se podrían notar en la posición vertical.
La razón de esto, es que nuestros oídos, o por lo menos lo de gran mayoría de las personas, son mucho más sensibles al posicionamiento y a la coloración por interferencia en el plano horizontal que en el plano vertical. Dado que nos encontramos restringidos a movimientos bidimensionales en la superficie de la tierra – de hecho durante nuestra vida nos movemos muy poco en términos de distancia al suelo – no es una gran sorpresa que la evolución haya seguido este camino. Hasta la aparición, en este siglo que llega al final, de la bomba lanzada desde el aire y de las minas de tierra, nunca los humanos sufrieron una amenaza real de depredadores atacando desde arriba o desde de abajo.

Percepción subjetiva en salas de control con bajo tiempo de reverberación.

Cuando se escucha en estereo, dentro de una sala de control diseñada según estos principios y, principalmente, si colocamos un panel absorbente en el panel trasero de la consola de mezclas, se puede experimentar un sonido excepcionalmente no coloreado con una imagen estereo muy precisa a lo largo de una gran área de la sala (es obvio que también depende del comportamiento del sistema de monitores).

Existen en este momento y en varios puntos del mundo, suficientes salas construidas según estos principios, que permiten dar una descripción clara de sus generalidades y tendencias en la forma de ser usadas, como también de los resultados que producen. Este principio, tal como lo entendemos, fue presentado por primera vez a mediados de los años 80 por uno de los autores (Hidley) en sus salas de control ” Non Environment” en las cuales los monitores deberían subjetivamente responder lo más cerca posible a la excitación de un espacio 2pi (hemisférico). Por su propia naturaleza, el concepto es muy tolerante a variaciones de forma y dimensión, ya que anecoico (para los monitores) significa lo mas cerca  posible de la reverberación cero, siendo cero el único número que puede ser multiplicado por cualquier variable sin alterar su valor. El problema con los diseños de espacios reverberantes, ya sean reflectantes o difusos, es que cualquier tiempo de “reverberación” determinado producido por una variedad de medios, conducirá a variaciones notables en la percepción de la respuesta subjetiva en una sala, por lo que falseará la compatibilidad entre salas en las que las condiciones de monitorado difieren según las distintas técnicas.

Una de las más notables tendencias encontradas en las salas “Non Environment” es la de utilizar el sistema principal de monitores, empotrado en la pared frontal, tanto durante los procesos de grabación como de mezcla, volviendo los pequeños sistemas “near-field” a ocupar su posición original en la jerarquía, como referencia secundaria del mundo domestico. Los usuarios no se quejan de sorpresas cuando llevan sus mezclas y las escuchan en casa, en el coche o por auriculares, lo que no es extraño, ya que las salas desechan una de las grandes variables del ambiente de mezcla. Al no tener en cuenta ninguna forma particular de ambiente de escucha (lo mas probable sería el tiempo de reverberación doméstico), todos los posibles ambientes están contemplados en esta fase.

Dudas

Quienes no han experimentado en estas salas, ponen frecuentemente la cuestión de “¿no habrá una tendencia a utilizar mucha reverberación en la mezcla, ya que la sala es tan seca?” o entonces “dada la ausencia de refuerzo en las bajas frecuencias por la propia sala, ¿ no sonaran los monitores con pocos bajos, llevando consecuentemente a que las mezclas salgan del estudio muy cargadas?” En la práctica, la respuesta a ambas cuestiones es “NO”. El RT que existe en muchas salas de control es muchísimo más corto del que se suele aplicar artificialmente con propósitos musicales, por lo que ambos no tienen relación. La reverberación que se suele aplicar, tiene relación con el ambiente de fondo de baja intensidad, por lo que se podrá escuchar con mucha más claridad.

 

De hecho, uno se percata mucho mas fácilmente de los espacios individuales en los que cada instrumento fue grabado. Diferentes elecciones en el tipo y posicionamiento de los micrófonos durante la grabación, se presentan mas claramente, bien como características y defectos de cualquier procesamiento artificial de la señal. Se pueden escuchar problemas y distorsiones en el local adecuado, la sala de control, que de nuevo puede (y debe) ser utilizada para el control de calidad durante los procesos de grabación y mezcla. Con respeto a niveles relativos de bajas frecuencias, como ya he defendido en otros momentos, uno de los más notables aspectos de estas salas es el retomar de la confianza en el sistema de monitores principal, que bien diseñados, permiten un adecuado monitorado relativo de toda la banda de bajas frecuencias, por lo que ‘adivinar” lo que pasa con los 40Hz deja de ser una lotería. El ajuste psicológico a los cortos tiempos de reverberación de las bajas frecuencias, parece ser fácil de conseguir, y después de uno o dos falsos comienzos, los técnicos de mezcla se adaptan rápidamente a las técnicas requeridas. De hecho, algunos de los comienzos fallidos, ocurren en manos de ingenieros y productores que habitualmente aplicarían “factores de corrección” que la experiencia les ha enseñado como necesarios en salas más convencionales.

Ruido

Con la expansión del número de estas salas,  la idea que cada día gana más consistencia, es que la reverberación en las salas solo puede considerarse ruido indeseable. Tal como el ruido de fondo de la cinta o las distorsiones no lineales, la reverberación enmascara el detalle, introduciendo un umbral de ruido, por debajo del cual es extremadamente difícil escuchar otros ruidos o señales de bajo nivel. Muchos aspectos importantes de un sonido pueden alguna vez estar en la región de (digamos) 65 dB por debajo del pico. Un ruido de fondo de cinta de -60dB haría difícil la percepción de estos sonidos, pudiendo incluso ocultar distorsiones. La caída reverberante de un sonido, puede, de manera similar y muy simplemente, enmascarar detalles de otro sonido existente a bajo nivel,  200 o 300 milisegundos más tarde y, en muchos casos, son este tipo de señales de bajo nivel las que nos proveen la información espacial de los ambientes en los que los instrumentos fueron grabados. Lo que le hace a la reverberación de las salas de control potencialmente más problemática, a la hora de monitorar, más que el ruido de cinta, es que este es parte del producto acabado. Aunque también indeseable, este ruido que esconde los problemas en la sala de control, estará presente cumpliendo su labor de enmascarar los mismos problemas en las casas de los consumidores de las grabaciones. No se puede decir lo mismo del enmascaramiento provocado por la reverberación de la sala de control. Aunque pueda cubrir problemas en el proceso de grabación y mezcla, aquellos saltarán, contundentes, a los oídos más críticos del mundo exterior y, como empecé por decir, el control de calidad no es su trabajo, pero sí el nuestro! Ellos (los consumidores) pagaron por un producto acabado, lo que justifica plenamente que esperen lo mejor por lo que han pagado.

La reverberación en las salas de control ha siempre sido un problema para una consistente relación entre salas, pero todo lo que las filosofías convencionales consiguieron hasta hoy ha sido poco más que jugar con los altos y bajos de la respuesta . Hasta donde el control del tiempo de reverberación debe llegar precisamente, es aún tema sin consenso, pero el hecho que un alto porcentaje de los consumidores no escuchen en condiciones mínimamente parecidas a las de la norma estadística, ha puesto en entredicho todo el concepto de los estándares de reverberación de las salas de control. Dada la claridad de percepción adicional experimentada en las salas “Non Environment” (sin ambiente acústico) y la remoción subjetiva de cerca de 15 decibelios de ruido enmascarante en el proceso de mezcla, no quedan dudas que el concepto de cualquier tiempo de reverberación (RT) en el monitorado, que no sea lo mas aproximado a cero posible, no tiene, en el futuro, ninguna relevancia.

Philip Newell y Tom Hidley

[alert type=blue ]Philip Newell es uno de los más prestigiosos diseñadores de estudios de todo el mundo y ha publicado libros de referencia como el conocidísimo “Recording studio design”.[/alert]

Artículo publicado originalmente en la web de Reflexion Arts en enero de 1999.
Reproducido para Audioforo.com con consentimiento del autor y Reflexion Arts.

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7 Comentarios

  1. Philip es uno de los que más saben en el mundo de estos temas, y pienso que vale la pena revivir documentos como este, que aunque tengan unos años, siguen siendo referentes en el campo de la acústica.
    Gracias desde aquí a Philip y Sergio por su amabilidad al cedernos este tipo de material.

  2. Interesante articulo. La asignatura de acondicionamiento acústico era de las que más me molaban cuando estudié (aun siendo a un nivel básico), pero por falta de práctica lo tengo todo bastante olvidado, una pena

  3. Las Non Environment son una pasada tanto a nivel sonoro como a nivel estético. Lo malo es la cantidad de espacio que se necesita para montar una. Impensable en los home studios. Envidia cochina.
    Gran artículo.

  4. Es importante recalcar la diferencia entre reverberación y tiempo de reverberación. Para evaluar las pérdidas de información en cualquier frecuencia no sirve el TR, es mucho mejor irse a los MTF como hace el propio Newell desde hace mucho tiempo.

  5. Me quedo con esta frase, es brutal!!!! :good:

    “no quedan dudas que el concepto de cualquier tiempo de reverberación (RT) en el monitorado, que no sea lo mas aproximado a cero posible, no tiene, en el futuro, ninguna relevancia.”

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