Veinte años despues de La Cabra Mecanica… por Cataldo Torelli

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Hace unos meses le hice una entrevista a Eugenio Muñoz, y en ella se veía la mesa DDA. Mario me preguntó acerca de si esa mesa era la que Eugenio usaba en Box, a mi me pareció recordar que sí, y Cataldo nos lo confirmó en los comentarios, ya que fue la mesa que se utilizó para grabar el disco de La Cabra Mecánica.

Cataldo escribió hace unos días el siguiente texto coincidiendo con el veinte aniversario de dicha grabación. Me lo hizo llegar esta misma tarde y cuando lo leí, pense: “esto merece la pena que lo lea mas gente”. Así que para el beneficio de todos me ha dado permiso para publicarlo aquí. Está francamente muy currado, espero que lo disfrutéis como he hecho yo.

 

Este mes se cumplen 20 años de la grabación del primer disco de La Cabra Mecánica y me parecía un buen momento para contar cómo se desarrolló todo ese proyecto al que tengo tanto cariño. Para ello, echemos la vista atrás algunos años más. El proyecto de La Cabra Mecánica fue fruto de la fusión de dos grandes casualidades musicales. Por un lado, Miguel Ángel Hernando, es decir Lichis, que hacía las rondas de excelente bajista después de un par de proyectos que no acabaron de cuajar, y por el otro, mis amigos del grupo madrileño de funk Tess (o, como yo prefiero recordarlos, Servicio Especial): Carlos Prieto, Javier Jiménez y Juan Carlos Arellano; magníficos músicos con raices en el funk, jazz, pop, flamenco, bolero, etc. que buscaban un bajista para sustituir al inolvidable Pedro Prieto, que nos había dejado trágicamente. Era mediados de los 90. Y la mezcla funcionó. Empezaron a montar y arreglar temas que Lichis tenía, en los inolvidables locales de ensayo de La Nave. Y estos fueron tomando forma y estaba claro que algo gordo se estaba fraguando.

Así que entre finales del 96 y principios del 97 grabamos una maqueta con varios de esos temas, prácticamente los mismos que formaron el álbum. Se sumaron Julián Kanevsky y Pedro Tirado con sus guitarras. Las grabaciones se hicieron en el piso compartido en Moratalaz en el que vivía Lichis (calle Mérida creo recordar). Se grabó en un Fostex 280, un grabador analógico en cassette de 4 pistas+mezclador de 8 canales. Tenía Dolby C y utilizaba cassettes de Cromo al doble de velocidad (9,5 cm/s) que los dispositivos de HIFI. Todo eso hacía que el margen dinámico y la respuesta en frecuencia fueran bastante decentes (aunque nada que ver con esta época digital de ahora).

Fostex 280
El mítico Fostex 280.

La microfonía no fue nada exótica: todo dinámico de bobina móvil: Shure SM58 y SM57, Shure Unysphere PE-585, AKG D190,  y alguno mas que no recuerdo. Las mezclas se volcaron a DAT (eterno agradecimiento a quién nos lo prestó) y utilizamos un par de multiefectos (uno de ellos un Zoom para guitarra) para las reverbs y delays. Mucha sofisticación como podéis comprobar. He de decir también que parte de la grabación la realizó magníficamente un amigo de Lichis (qué me perdone por no acordarme del nombre) y yo me encargué del resto de recordings y de las mezclas. Aquí tenéis tres muestras de como quedaron estos tres temas en la maqueta:



La maqueta gustó. Mucho diría. Hasta se planteó editarla tal cual (¿?). El grupo tuvo varias ofertas discográficas y al final se decantaron por DRO. Recuerdo la llamada de Lichis ofreciéndome producir, grabar y mezclar el disco. ¡Menuda noticia! Y así llegó Agosto y empezamos con algunas reuniones para preparar la producción.

DRO nos ofreció hacer el disco en los extintos Estudios BOX, propiedad de Eugenio Muñoz, así que me acerqué a visitarlos, comprobé que cubrían todas las necesidades y conocí al que iba a ser el asistente durante la grabación y mezcla: Juan Barrio. No pudo ser mejor la elección. Tenían varias y amplias salas de grabación que se adecuaban a mi idea de acomodar a todo el grupo y grabar todos a la vez. Y eso es lo que hicimos en todos los temas: grabar batería (o cajón), bajo, guitarra, teclados y voz de referencia como bases todos juntos. Utilicé la técnica de grabar tomas completas hasta tener una ok, sin ediciones entre varias de ellas, y luego pinchar los posibles errores. Después hicimos los recordings del resto de las pistas. En esta grabación no utilizamos ProTools ni nada parecido, solo un magnetofón multipista digital. Cinta. Lineal. NO COMPUTER. Este era un Mitsubishi X-880, un magnetofón multipista digital en cinta magnética de partículas de metal de 1″, formato ProDigi. Una máquina excelente, muy fiable y con un sonido muy bueno.

Mitsubishi X-880
El multipista digital Mitsubishi X-880.

La mesa de mezclas era una DDA AMR, analógica de formato SPLIT y con muy buen sonido en grabación. Esta mesa sigue teniéndola Eugenio en su estudio actual. Recuerdo la ecualización, comodidad y la buena respuesta para grabar tantas señales simultáneamente. Y en mezcla, el sonido equilibrado y el margen dinámico. La única pega, y mínima, era la automatización por VCA Optifile, que a mi nunca me llegó a gustar.

dda-amr
La mesa de mezclas DDA AMR.

El resto del equipo del estudio era muy completo. También alquilamos algunas cosas. En microfonía había Neumann U-67 y U-87, AKG C-414, AKG C-451EB, Electrovoice RE-20, Sennheiser MD-421 y MD-441, Shure SM-57, etc. En procesadores había Lexicon 480L, Eventide H3000, varias Yamaha SPX-¿?, compresores dbx, puertas de ruido Drawmer, compresor SUMMIT TLA-100A, compresor Anthony DeMaria, etc. También recuerdo un previo Avalon VT-737sp y otros que no recuerdo. Y utilizamos una Sync Box Roland SBX-80, programada por Juan, para sincronizar vía MIDI con el magnetofón los metrónomos y algún arreglo secuenciado que había preparado Javier, el teclista. La grabación fue bien, ágil; las ideas de producción y los arreglos estaban bastante trabajados. Y en las mezclas estuvimos empleando un día por tema. Recuerdo con cariño esos días de mezcla en los que mientras estábamos en el control mezclando veíamos ensayar en la sala grande de  grabación al grupo del Reverendo para sus intervenciones en Caiga quién Caiga. Surrealista.

En total estuvimos 144 horas en BOX, gracias al talento de todos los músicos (repetimos y pinchamos muy poco) y de Juan Barrio, que hizo que todo funcionara como la seda en el estudio. Y para masterizarlo contamos con el inigualable Ian Cooper, en Metropolis Studios (Londres). Empleamos una jornada maratoniana y el resultado fue exquisito, manteniendo toda la esencia del sonido ecléctico del álbum.

Ian Cooper y Cataldo Torelli
Con Ian Cooper en Metropolis.
Ian Cooper masterizando
Ian en acción.

Ian se jubiló hace poco. Siempre me acuerdo de él cada vez que escucho “So” de Peter Gabriel y la suerte que tuvimos de poder contar con él.

El álbum llegó a vender 25.000 copias, recibió excelentes críticas y marcó una época más que interesante para todos los que estuvimos embarcados en él.

3 Comentarios

  1. Julián Kanevsky!!! Uno de los músicos, guitarristas que mas me sorprendió grabar en Buenos Aires !! Un monstruo en lo que hace y una persona tan sencilla y buena gente! Muy bueno el articulo !!

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