Times are changing

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Yo fui de los que nací en la época previa a internet, y cuando años después apareció internet, no había ni una décima parte de lo que tenemos ahora.

Eramos jovenes, y nos gustaba pasear por el centro de Madrid, buscabamos discos (cds, vinilos), libros de música, tiendas de instrumentos musicales…

Nos gustaba patear el centro, lo teníamos todo allí. Era divertido, te montabas en el autobús y te ibas al centro, a veces solo, a veces con amigos, pero siempre con el mismo objetivo: poder ir a lo que era el núcleo de la cultura. Recuerdo tiendas míticas de libros, discos, tiendas de instrumentos, en donde el tiempo se paraba en su interior , mientras que el tiempo en el exterior discurría. Era usual entrar después de comer y salir siendo de noche . A veces aprovechabamos y ya cenabamos por la zona, Gran Via, Callao, Sol, Plaza Mayo, era como un sitio mágico y moderno (aun no existía la palabra cosmopolita).

Recuerdo llegar a casa, después de esas tardes maravillosas, recordando todo lo que habías visto y oido. A veces tenías suerte y pillabas un disco o un libro barato, otras veces simplemente te volvías con un montón de guitarras, amplis y pedales en la cabeza, queriéndolos todos, haciendo tus cuentas, pero el cerdito no daba para mucho.

Un día recuerdo que ibamos el otro guitarrista de mi grupo y yo, a la biblioteca músical de Conde Duque. Antes, cuando no había partituras gratuitas en internet, íbamos a sitios así para conseguir partituras. Tengo muchos recuerdos de esa biblioteca, mi primera novia, que era pianista, ibamos juntos a por partituras, una de mis mejores amigas que me contó que se iba a vivir a Venezuela, charlas con otros músicos. A parte de partituras había salas chiquititas para ensayar, era muy molón.

Bueno el caso es que iba con Alex, a por partituras y me dijo «oye tío, ha salido una tienda en internet que se llama Musicstore y que venden todo mucho más barato que aquí en las tiendas», yo le comente que no me molaba la idea, eso de soltarles 1000 euros por adelantado a una gente que no conocía y de la cual no tenía la certeza de si luego me iban a mandar el material. Le pregunté que si eso era de fiar. El me respondió que no lo sabía, ya que nunca había comprado allí y que lo iba a probar. Os estoy hablando del año 2001. No le di muchas más vueltas, aguante el tirón comprando en España hasta el año 2004, y a partir de esta fecha y tras probar esta forma de compra venta, no volví a comprar en las tiendas de España hasta hace unas semanas.

La verdad es que era la puta hostia, tu estabas en tu casa, te conectabas a internet, ibas añadiendo cosas al carrito y al cabo de unos días aparecía el cartero en tu puerta con un paquete. Parecía fácil, sin complicaciones, sin problemas con todo un universo de cosas al alcance de tu mano. Pero había perdido algo, la parte humana, ya que desde hacía 15 años había interactuado con una máquina.

Hace poco me lie la manta a la cabeza y quise instalarle un navegador al coche, dentro de un rato volveré a él para contaros alguna cosilla más. El caso es que deje el coche en el taller, en Moncloa y me sobraban 3 horas para recogerlo con su navegador montado. Y como en estos días estaba pensando en comprarme un ampli chiquitín para los días que me quedo a dormir en casa de la parienta, pensé «¿Por que no voy al centro de Madrid a mirar amplis, como hacía hace 15 años?. Así que me fui andando desde Moncloa hasta Plaza España, Gran Vía, Callao… Iba recordando antiguas tiendas que visitaba, tiendas de discos, libros… algunas aun perduraban, otras se habían convertido en centros de masaje chinos, de los de final feliz.

Me dio mucha pena, aquellas tiendas, habían sido parte de mi vida, conocía a sus propietarios, había pasado muchas horas en ellas, ya que en algún caso hasta eran de amigos míos. Pero poco quedaba ya, nada que ver con lo que hace 15 años había en Madrid. Me compre el libro de Paco Loco en el Fnac, también visite la Casa del Libro, el catalogo de libros de audio se había reducido en ambas tiendas, los discos (CDs) aun aguantaban, sobre todo en tiendas de las de toda la vida, de las que estaban en las callejuelas. Pero la cosa se había mermado bastante en relación a lo que recuerdo.

También me pase por algunas tiendas de instrumentos, siendo un lunes por la mañana no había mucha gente así que pude explayarme probando cosas. Me gustó mucho recordar aquella sensación de hablar con el dependiente, intercambiar opiniones, que te fuese trayendo diferentes juguetes para que lo fueras probando, y sobre todo dejar volar el tiempo, haciendo algo que fue parte de nuestra forma de vivir.

Me volví al taller, los cuales estaban bastante apurados. Estaban intentando instalar el navegador que yo habiía sacado de otro coche, ya que mi coche es muy viejo, y el navegador venía de serie por 5000 euros, yo no lo cogí en su día. Hace un mes compre el navegador en Inglaterra por 200 euros, de un coche siniestrado, en el gran Ebay lo puedes tener todo, como no!!

El caso es que estaban bastante apurados, porque el navegador tenía un manojo de cables cortados que no sabían a donde conectarlos. Yo les comente que tengo conocimientos de electrónica y que les podía echar un cable, llevándome el navegador a casa y haciendo yo todas las conexiones y etiquetando los cables. Me dijeron que vale, que sin problema, que si traía los cables identificados a donde se conectaban, ellos lo podían montar. Así que me lleve todo otra vez para casa y lo dejé guardado.

A los dos días, aproveché otra mañana libre y me fui a comprar los faston a las tiendas de electrónica que había en mi barrio. Y digo había, porque ya no queda ninguna. Cuando empece la carrera, tenía practicas de electrónica, y era una persona bastante asidua, ya que además me gustaba enredar haciendo cosillas para mi. Había tres tiendas, y sobre todo solía visitar una en la que me hice muy amigo de los dependientes, un señor mayor que se llamaba Agustín y un chico joven, con el que mantenía largas charlas de electrónica.

Mi relación con ellos era como la que puedes tener con el panadero de tu barrio, al final te conoces las vidas de todos ellos, recuerdo que Agustín, cada vez que me veía me decía «¿Que andas inventando ahora?». Pero esa tienda cerro, en su día, al igual que las otras dos, años después.

La verdad es que era muy facil comprar desde casa, a Amidata, Farnell, Mouser… tenías catálogos inmensos, con todos los componentes, con una disponibilidad de 24 horas. Tan solo tenías que ir añadiendo componentes al carrito, pagar, y a los pocos días lo tenías todo en casa. Es más, no hacía falta ni que en esos días salieses de tu casa, todo llegaba a tu casa como arte de magia. Sin embargo jamas de las personas de estas empresas de tipo online me llamaron por mi nombre, o jamás llegaron a interesarse por el proyecto que estaba haciendo, o preguntarme acerca de ese examen que me estaba preparando.

Times are changing, y nosotros somos coparticipes de esta deshumanización que se esta produciendo. Algún día echaremos de menos, esa pequeña tienda de barrio, en la que pasábamos tantas horas y que en algunos casos eran algo más que un simple tendero.

6 Comentarios

  1. Sí, así es, y leyendo lo que escribes me da hasta morriña.
    Pero ahora deja que yo cuente una batallita también.
    Era 2005 y decidí hacer una remodelación de mi jom estudio. Ya existían Toman y Music Estor, pero yo me aferaba a las tiendas físicas, al trato humano. Siempre pensaba que si luego me surgía algun problema con lo comprado tendría un sitio y una persona a la que ir a que me ayudaran.
    Fui a una tienda de Valencia y me dejé 2200 euros de los de 2005, un dineral. Compré un multipistas digital de 24 pistas, una pareja de monitores y un micro de condensador.
    A los pocos días de la compra el multipistas empieza a dar por culo, quedándose colgado constantemente. Voy a la tienda, se lo cuento al tipo que me lo vendió y se niega a cambiámelo por otro, que hay que arreglarlo. Me dice que bueno, que si eso que se lo deje, pero que vamos, que lo que va a hacer él es mandarlo a Mallorca directamente que es donde está el servicio técnico oficial, así que mejor me da la dirección y ya lo mando yo directamente, que será más rápido.
    Así fue. Se lavó las manos. Me quejé, me enfadé, pero el multipistas me comí con patatas.
    Hice la cruz a esa y el resto de tiendas físicas del mundo mundial de cacharritos. Ahora, en el Toman o el Music Estor o el Amazón no tengo ni que discutir con un imbecil. Directamente hago cuatro clicks, me aceptan la devolución sin el más mínimo problema y me devuelven la pasta. Y más barato y el servicio es rapidísimo y super eficiente. Ni me toca coger el coche y desplazarme, directo a la puerta de casa.
    Y a veces voy por el centro de Valencia y veo que aquella tienda cerró, y no puedo dejar de pensar que se jodan, que se lo buscaron. Y así muuuuuchas más, que para eso somos un país de ladrones y espabilados.

    • Desde luego es una gran putada, y supongo que en parte cerrarían porque lo mismo que se portaron contigo, se portaron con el resto.

      Yo ya tengo mis tiendas de confianza, mi círculo de conocidos que no me fallan. Supongo que al final, como en todos los campos de la vida, lo que hay que hacer es encontrar buena gente en la que confiar.

      Acerca de la globalización y el usar internet para todo, me parece un grave error, ya que para determinadas cosas, tienes que probar las cosas tu mismo, escucharlas, cacharrear, etc… Esto no es como la lista de la compra, que metes un pack de 8 yogures al pedido que luego te traen a casa. De hecho una de las cosas que siempre he flipado es cuando la gente compra guitarras en el Thomás, ya que mismas guitarras, de mismo precio, suenan diferentes…

      P.d: Algún problemilla he tenido yo con el Thomás, problemilla que de haberlo hecho en mano aquí con la gente que conocía se hubiese solventado de mejor forma.

  2. Seguro que en las «grandes» capitales, como Madrid, habían buenas tiendas y buenos vendedores que sabían.
    Siendo de provincia, capital de provincia, y tampoco diré que segundona y con buena escena, las tiendas físicas locales destacaban por su ausencia de stock, productos de gama china, y precios desorbitados. Todo ello con vendedor «enterao» de turno.
    Cuando cayó en mis manos el primer catálogo en papel (ya desaparecidos incluso!) de Musik-Produktiv pasado el año 2000, se me caían las lágrimas al ver los precios y la oferta que ofrecían a la puerta de mi casa. Me sentí imbécil.
    Me ha parecido bien que caigan muchas tiendas que vivían al rebufo y que no merecían su lugar. No deja de dolerme que hayan caído otras. Confío que en un mundo sobreinformado con internet, puedan retornar o aparecer nuevas, que, ofreciendo precios competitivos, te den un buen servicio con cercanía. Las sigo esperando.
    Eso sí, y efectivamente, la carencia de stock y de poder catar cosas, es frutrante a más no poder. Y precisamente el sector de las ferias en España deja muchísimo que desear.

  3. Cierto, me consta que en provincias, las tiendas de música dejaban mucho que desear, y también me consta que había un trasiego y turismo de gente que venía a grandes capitales a por equipos.
    En eso te doy la razon, al igual de que en determinadas tiendas a existido mucho listo lucrandose de su ignorancia y de una falta de stock permanente.

    Sin embargo hay determinados equipos que tienes que probar, escuchar, cacharrear, no puedes comprarlo a lo loco en internet sin saber como suena o funciona. Y lamentablemente en este punto muchos de los clientes han sido unos listos, porque han ido a tiendas fisicas a probar los cacharros para posteriormente comprarlos en internet.

    La crisis y los nuevos sistemas de negocios han hecho una criba natural, al igual que lo han hecho con los antiguos estudios de grabación. Pero tambien te digo otra cosa, no sé si es porque yo me he topado con gente implicada, o simplemente suerte, pero en tiendas físicas de España, he conseguido cosas, que antiguamente eran difíciles de conseguir, simplemente porque el empleado (que para mi era algo más que un empleado) se implicaba mucho más de lo que algunas tiendas online han hecho.

  4. En las tiendas que he conocido, de provincias o de la capi, aparte del bonito ambiente se relacionaba un@ con músicos de verdad.
    Además de los tablones de anuncios que había en todas, si llegaba alguien buscando gente enseguida te decían «Fulanito está libre». o «Ayer estuvo menganito y…».
    Salían trabajos y te ofrecían o yo ofrecía lo que fuese. Podías tratar con gente muy conocida. He sido mucho de tiendas e importadores.

    Lo mismo en los Estudios de Grabación. Durante años llamaban porque estaban buscando músico y el del estudio les había dicho «Escucha esta maqueta» y les daba el teléfono.

    Ahora pues si… están las redes sociales y tal. Ya ves tú. 🙁

    Yo al menos me alegro de haber vivido aquella época con anécdotas y gente que casi nadie creería.

    • La verdad es que con todo esto del internet y la aldea global, se han vivido muchos cambios en el estilo de vida de la gente.

      Las tiendas de música, por lo menos las que conocía yo en Madrid, eran antes punto de reunión de mucha gente que se conocían. Era bastante habitual encontrarte con algún amigo o conocido, con el que además de cacharrear, hablabas un buen rato y aprendías mucho.

      Efectivamente antes tenían tablones de anuncios, lo mismo que en los locales de ensayo. Ahora mismo si tuviese que buscar grupo, creo que no iría a locales de ensayo, por suerte o por desgracia, se mueve ahora todo por internet

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